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–¿Por qué hay “languaje”, Ignatz?

–El “lenguaje” es para que podamos entendernos los unos a los otros.

–¿De verdad?

–De verdad.

–¿Puedes entender a un laponés, o a un finés o a un españolés?

–No.

–¿Y un laponés o un finés o un españolés puede entenderte a ti?

–No.

–Entonces, yo digo que el languaje es para que podemos malentendernos los unos a los otros..

Estamos a principios del siglo XX y Krazy Kat acaba de enunciar la que será una de las lacras sociales del siglo XXI: la incomunicación social y global a pesar, o tal vez debido a la hipercomunicación tecnológica. Dejando de lado las dotes proféticas de George Herriman (quien, en cierto modo, preconizó la brecha digital con los problemas de Krazy para utilizar el teléfono y su reticencia hacia los avances tecnológicos en general), se trata de un discurso puramente metaligüístico elaborado por uno de los primeros historietistas en el sentido estricto de la palabra, mientras los autores literarios de la época empezaban a plantearse cuestiones idiomáticas similares en sus escritos.

¿Importa eso? Importa que una tira dominical, publicada en un periódico para entretenimiento del público general se convierta sin que nadie lo pretenda en una obra de Alta Cultura. Importa que un gato y un ratón caricaturizados hablen de temas que se discutían en foros intelectuales a través del diálogo entre el dibujo y las palabras con humor y ternura. Porque la imposible historia de amor entre Krazy Kat e Ignatz Mice (que jamás se recuperará en ninguno de los tándems gato-ratón generados posteriormente; ni Tom y Jerry, ni Rasca y Pica ocultan afecto tras su violencia mutua) despliega tanta ironía como, tanta sensibilidad, de hecho, que a veces incluso el mismo Ignatz queda desarmado por el sentimiento de verdad de Krazy.

Krazy es el personaje ingenuo e idealista por antonomasia (algunos teóricos comparan a Krazy e Ignatz con Don Quijote y Sancho Panza, y es evidente que Herriman establece ciertas relaciones con el hidalgo manchego, a juzgar por el personaje de Don Kiyote), y se expresa como tal. Herriman dio a su protagonista un habla muy característica, basada principalmente en el acento sureño poliinfluenciado que se habla en la zona del Golfo de Méjico de Estados Unidos.

 Otros autores utilizarán posteriormente este acento para caracterizar a sus personajes y darles una personalidad marcadamente sureña, para bien o para mal, como, por ejemplo, Li’l Abner y toda su familia, o Pícara y Gámbito de La Patrulla X. Pero a nadie se le ocurrió, (o tal vez nadie tuvo nada más que decir después de Herriman) que a través de ese deje pudiera articularse, a partir de pequeños gags un discurso sobre el mismo lenguaje, basándose en la perversión de las convenciones de la corrección idiomática y los tópicos que rodean a la gente que habla así en la vida real.

El Coconino County de Krazy Kat y sus amigos (el de verdad anda perdido en el desierto de Arizona) es un lugar extravagante en el sentido más literal de la palabra. Imaginamos que puede tratarse de una vastísima extensión de terreno llano, pero toda la acción visible tiene lugar en los confines de una viñeta apaisada dividida por una línea del horizonte sobre la que se encuentran árboles, casas, volcanes y otros accidentes geográficos que cambian de aspecto en cada viñeta, por no hablar del tendedero mágico y su ropa eternamente cambiante. Herriman (a quien a veces sus personajes aluden directamente, llamándole “el maestro” o “el jefe” y cuestionando su existencia y su forma de dibujarles) no experimentó con la viñeta como marco, pero sí con su contenido. Es habitual que, en la última viñeta de la tira, uno de los personajes se disponga a salir de la viñeta y lo exprese así literalmente. Esto refuerza la idea de Coconino County como un lugar de actividad constante, de la que sólo vemos una pequeña parte, entendiendo la viñeta como una ventana.

Esta tira cómica se convirtió en una referencia para los intelectuales de la época y, sin embargo, nunca recibió todo el reconocimiento que hubiera merecido por su contenido altamente poético por parte de los eruditos de la literatura. Es posible que la marginación que ha sufrido la historieta desde sus inicios facilita que se pasen por alto lo que otramente serían consideradas Grandes Obras de la Literatura, pero eso me lleva a preguntarme, llevándome cómicamente las manos a la cabeza, ¿cuántas grandes obras de la cultura mundial habremos pasado por alto por ese motivo?

 Morgan Le Fay

 

 

 

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