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Los que hayan tenido ocasión de ver el tráiler americano y
el español de La Joven del Agua estarán de
acuerdo en que el americano es muchísimo mejor.
¿Por qué?
Porque el trailer americano sugiere. El trailer español
cuenta.
Mucho miedo deben de tener los distribuidores y exhibidores
de que la gente no vaya al cine, porque en los últimos años,
los trailers consisten en un montaje de minuto y medio donde
se nos cuenta toda la película. Toda. Algunas veces
hasta la sorpresa final incluida y todo.
Yo vi el trailer de la Joven del Agua
americano en
www.apple.com/trailers,
lugar comodísimo para tal tarea. Allí veíamos a un resignado
John Giamatti trabajando en un bloque de edificios y
cuidando de una piscina. Por la noche, está en su casita de
bedel y algo... en fin, algo pasa en la piscina. No sabemos
qué.
Así termina el trailer, rematado además con un cartel
precioso de unas huellas de agua iluminadas por la luz que
sale por debajo de una puerta.
Aquí, el cartel de La Joven del Agua que todos hemos
visto nos muestra a una chica rodeada de motivos mitológicos
diversos mezclados entre su pelo. Un cartel precioso, nada
sugerente, solamente espectacular.
Si sólo fuera el cartel, no pasaría nada; el caso es que el
trailer pone el cartel en movimiento, es decir, nos
ofrece todo el despliegue de efectos especiales de los que goza la película,
desvelando además el clímax final.
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"El trailer americano sugiere.
El trailer español cuenta."
¿Por qué, sistemáticamente, los que queremos ir al cine
buscando la ilusión de poder sorprendernos como críos
pequeños nos es arrancada con esta brutal publicidad
excesiva?
La sorpresa ha muerto. Ya no vende, o es demasiado
arriesgado apoyarse en ella. Los que queríamos ver de cero
las nuevas películas de Star Wars, por ejemplo, lo
tuvimos muy difícil, evitando cualquier trailer, cualquier
revista donde hablaran de ello, cualquier amigo aguafiestas,
y corriendo al cine al día del estreno, no tanto por afición
sino por miedo a escuchar al día siguiente en el metro un
comentario de alguien anónimo que nos destrozara las
sorpresas de la película.
Cada vez hay menos trailers que den ganas de ver la
película; al contrario, al haberla explicado, uno se queda
clavado en la butaca diciéndose, resignadísimo “En fin, ya
no me hace falta ir a ver La Joven del Agua”.
Y así, el círculo vicioso sólo sigue matando la sorpresa.
Llassans |
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