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La
Historia: El reino de Einheriar
Desde tiempos
inmemoriales, las ciudades de Rune Midgaard eran
gobernadas por clanes y jefes locales. En ocasiones, algunos
clanes lograban cierta supremacía sobre los demás, y
llegaban a extender su influencia sobre varias ciudades. Sin
embargo, en general reinaba la concordia entre sus
habitantes. Gobernando desde sus castillos, los Señores
de la Guerra
luchaban entre sí para extender su poder e influencia, pero
dejando en paz a los campesinos. A pesar de tales luchas de
poder, el mundo se sometía al mandato del Padre Poringo,
y el respeto mutuo permitía que las gentes de cada ciudad se
relacionasen entre sí. |
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Sin embargo,
entró en juego
Loki el Corruptor, que inflamó los corazones de los
Señores de la Guerra con la sed de poder y el ansia de
conquistas. Si bien existían monjes y clérigos que
predicaban la palabra de Poringo por el mundo,
comenzaron a aparecer en las
Sombras
algunos monjes paganos que se dedicaban a corromper, a
tentar y a conspirar contra la armonía y el orden. Estos
sectarios fueron los encargados de corromper a los
Señores de la Guerra, a los Líderes de los Clanes.
Las deportivas luchas entre clanes y conquistas de castillos
poco a poco se convirtieron en verdaderos baños de sangre. |
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Los Clanes
capturaban prisioneros que luego eran vendidos a la
Secta a cambio de más poder. Y tales prisioneros eran
sacrificados en el altar de Loki. Con el transcurso
de los años, los
Clanes débiles desaparecieron, y los fuertes se
hicieron mucho más fuerte. Los Señores de la Guerra
eran ahora terribles gobernantes, con más rasgos de demonio
que de humano, y todos luchaban entre sí, sin saber que el
Culto Negro de Loki les estaba apoyando a todos
por igual. La población civil era exterminada, sacrificada
en la Catedral Impía para mayor gloria de Loki.
Los solitarios misioneros de la fe poringa eran
ajusticiados, y los defensores de la paz y el orden tenían
que vivir ocultos entre las sombras.
La población
diezmó. Y se hubiera extinguido de no ser por la llegada de
Einheriar.
Einheriar
nació en
Izlude, en el seno de una familia plebeya. Su madre
fue apresada por el Señor de la Guerra local y
entregada al Culto Negro para ser sacrificada. Su
padre murió luchando contra las hordas de muertos vivientes
que asolaban la tierra, en defensa de la ciudad, cuando el
joven Einheriar
tenía diez años. Sin embargo, Einheriar ya había sido
adiestrado como guerrero por su padre. Con los reiterados
ataques infernales que se lanzaban contra las ciudades
humanas, Einheriar apenas tardó unos años en
convertirse en un gran guerrero de renombre en toda
Izlude, y su afán por defender a los débiles y restaurar
el orden le llevó a fundar la Orden de Caballería. En
un desesperado intento, reunió a todos los humanos que pudo
y plantó batalla al grueso de los Señores de la Guerra.
Al darse cuenta del peligro, los Clanes dejaron de
luchar entre sí y presentaron batalla a la última alianza de
humanos. Los miembros del
Culto Negro acudieron para ayudar a los Clanes
Oscuros, y no lo hicieron solos: legiones de muertos
vivientes y de demonios fueron invocados por Loki
para aplastar definitivamente la amenaza humana. |
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Las
fuerzas del mal superaban en número al ejército de
Einheriar, en una proporción de cincuenta
contra uno, pero Einheriar les hizo
permanecer firmes. Hizo ver a sus tropas que mejor
era perder la vida en el campo de batalla que
perderla en la esclavitud, sin poder defenderse.
Nadie sabe exactamente qué sucedió, ya que el fragor
de la batalla impidió observar el enfrentamiento en
su conjunto, pero tras una hora de luchas, los
Señores de la Guerra habían sido exterminados,
los restos de los muertos vivientes se pudrían al
sol por el campo y los demonios se habían
volatilizado. Algunos supervivientes de la batalla
juran que vieron porings alados en mitad del
combate... |
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Los últimos
supervivientes del
Culto Negro fueron capturados y ejecutados, y
Einheriar reinstauró la paz en el mundo. Para evitar que
volviera a suceder tal desastre instauró un Reino: Rune
Midgaard. Y él se sentó en su trono. Unió a todas las
ciudades del mundo, y formó su
consejo de Ministros con representantes de todas
ellas. Durante el reinado de Einheriar, se
reconstruyó todo lo que el Culto Negro y los
Señores de la Guerra habían destruido. La prosperidad
regresó al Reino de Einheriar, y la justicia y la paz
ocuparon el lugar que antes ocuparon caos y muerte.
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