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Una obra de Mízar

 

   

           Como un sueño, aquella época pasó. Y a los trece años, madre se llevó a mi hermana y la Gran Diosa a mi querida abuela Aralia, o eso fue lo que dijo madre, aunque yo no le creí. Sentía que estaba cerca de mí, que seguía y, a la vez, guiaba mis pasos a través de este largo camino que es la vida. Ella sabía que yo me sentía sola y no me abandonó.

 

            Abuela querida, hoy, el decimoséptimo día del sexto mes, el mes de la azucena, de la estación del cerezo, yo, tu nieta Mítara, en el día de mi cumpleaños, te hago una promesa:”nunca más nadie leerá mi libro del destino por mí; en estas últimas páginas y en honor a tu recuerdo, pongo de manifiesto mi decisión de tomar las riendas de mi camino, y espero y deseo cometer muchos errores, para adquirir y disfrutar de la sabiduría que tú conociste y con la que me educaste.

Tu amada nieta:

                                                                                                                                 Mítara

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