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Prólogo

Una obra de Daniel Cuadros

 

El camino del samurái reside en la muerte.

Yamamoto Tsunetomo, Hagakure.

 

PRÓLOGO

 

Aldea Yasada, provincia de Osashi, Imperio de Izumo. Año 136 de la era Sengoku.

 

El capitán se detuvo cuando llegó a las proximidades del cruce.

—¡Alto! —gritó al tiempo que levantaba la mano derecha a la quincena de hombres que le seguían. Tragó saliva y notó cómo el sudor que antes perlaba su frente comenzaba a escurrirse, frío y perturbador.

No tenía que volverse para saber que, detrás de él, un nerviosismo poco común producía el agitar de las armaduras ligeras y el alternar de yari[1] de una mano a otra, para limpiarse el sudor y aliviar las articulaciones de la tensión que las aprisionaban.

Se trataba de la misión de su vida. Debían capturar al ronin[2] más peligroso que existía: Takeshi el Lobo. Incluso en los lugares más recónditos se había oído hablar de su coraje y crueldad. Oficialmente, había dado muerte a más de cincuenta y siete samuráis al margen de las numerosas batallas o duelos en los que había participado, y estaba reclamado por dieciocho familias en cuatro provincias distintas. Respecto a sus víctimas plebeyas, según se decía, había superado con creces el centenar.

El ronin, sin embargo, no actuaba solo. Lideraba una banda conocida como los Enviados de Hachimán, que contaba con centenares de hombres en cualquier provincia, y posiblemente miles si movilizaba a todos los asesinos que tenía dispersos por el imperio. De este modo, el número real de víctimas que había muerto, ya no por su espada, sino bajo la de sus hombres, se multiplicaba hasta extremos insospechados. Un macabro historial que había logrado con tan sólo veinticinco años.  

Sin embargo el capitán confiaba en que aquel día sería el último en sus fechorías. Ahora estaba solo y mal equipado. Sería suyo, vivo o muerto.

—¿Seguro que es él? —preguntó uno de sus hombres.

—Aunque oculta su rostro bajo un sombrero, uno de mis informadores lo ha reconocido. Le faltaban dos dedos de un pie. Es él. Probablemente está comprobando las defensas de la aldea para atacarla. No le dejaremos huir.  

 


[1] Lanza recta, no arrojadiza.

[2] Samurái sin señor. Vagabundo. Espadachín errante.

 

 

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