|
“Yo…yo…yo no he sido… p…por
favor creedme”. Pero nadie me hizo caso, y llamaron
a la policía mientras los ciudadanos me tiraban todo
tipo de objetos. Comencé a gritar y chillar que yo
no había sido, y que me creyeran, pero nadie me hizo
caso. ¿Por qué todos me querían pegar? ¿Por que
nadie me creía? ¿Por que mis padres me tuvieron que
abandonar? ¿Por que tuve que nacer en esa mierda de
ciudad? En esos momentos hubiera dado cualquier cosa
por haber nacido en una ciudad normal, como
cualquier persona normal y corriente .Por lo visto
mi destino era el de ser un desgraciado. Cuando vi
que unos ciudadanos venían a por mi, salí corriendo.
Corrí todo lo que pude, lo que a mí me parecieron
alrededor de dos horas, hasta que me agoté del
cansancio y me caí en un enorme charco de agua, en
un callejón maloliente. Estaba cansado y bastante
herido, pero en verdad, lo que quería era morirme.
Levanté un poco mi cabeza y vi
mi reflejo en el charco. ¿En que me había
convertido? ¿En que se había convertido mi vida? Era
una persona simple, de 21 años, que media apenas un
metro setenta y cinco centímetros. Me acordaba del
día en que cumplí los 17 años y, para mi cumpleaños,
me dejé el pelo como lo llevaban muchos personajes
de los dibujos manga, que había pasado a ser un pelo
sucio y desastroso. Mis preciosos ojos, con los que
había sido bendecido, cuyo color era tan precioso
como el cielo, pasaron a ser un color apagado y
expresaban un gran sentimiento de tristeza. Era tan
clara la diferencia como un día soleado y un día
lluvioso. Antes de ser pobre, era muy deportista, me
encantaban las artes marciales y tenía buen físico,
pero desde que me convertí en un pobre parecía uno
de esos abuelos que habitan en los parques y que
apenas pueden dar cuatro pasos.
Pasaron algunas horas y seguía
tirado en aquel charco, pensé que, aunque siguiera
siendo un indígena no podría permanecer mas en esa
ciudad, tenía que marcharme. Fue entonces cuando
saqué todas mis fuerzas y me levanté. Pero sabía
que, si no comía algo, me moriría de hambre antes de
salir de la ciudad, así que no tuve otro remedio que
robar. Vi un puesto de esos de comida que casi se
habían extinguido en la ciudad, me dirigí hacia él
y, por lo que vi a primera vista, la única manera de
comer sería cogerlo e irme corriendo. Pero mis
fuerzas no me daban para moverme mas de tres pasos.
Di otro vistazo, y vi a unos niños pobres que
estaban jugando y que no tenían más de 6 años. Así
que me acerqué y, como parecían hambrientos, les
conté mi plan prometiéndoles que comeríamos todos.
|