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Capítulo 1

Una obra de Dorkliem

 

   

“Yo…yo…yo no he sido… p…por favor creedme”. Pero nadie me hizo caso, y llamaron a la policía mientras los ciudadanos me tiraban todo tipo de objetos. Comencé a gritar y chillar que yo no había sido, y que me creyeran, pero nadie me hizo caso. ¿Por qué todos me querían pegar? ¿Por que nadie me creía? ¿Por que mis padres me tuvieron que abandonar? ¿Por que tuve que nacer en esa mierda de ciudad? En esos momentos hubiera dado cualquier cosa por haber nacido en una ciudad normal, como cualquier persona normal y corriente .Por lo visto mi destino era el de ser un desgraciado. Cuando vi que unos ciudadanos venían a por mi, salí corriendo. Corrí todo lo que pude, lo que a mí me parecieron alrededor de dos horas, hasta que me agoté del cansancio y me caí en un enorme charco de agua, en un callejón maloliente. Estaba cansado y bastante herido, pero en verdad, lo que quería era morirme.

 

Levanté un poco mi cabeza y vi mi reflejo en el charco. ¿En que me había convertido? ¿En que se había convertido mi vida? Era una persona simple, de 21 años, que media apenas un metro setenta y cinco centímetros. Me acordaba del día en que cumplí los 17 años y, para mi cumpleaños, me dejé el pelo como lo llevaban muchos personajes de los dibujos manga, que había pasado a ser un pelo sucio y desastroso. Mis preciosos ojos, con los que había sido bendecido, cuyo color era tan precioso como el cielo, pasaron a ser un color apagado y expresaban un gran sentimiento de tristeza. Era tan clara la diferencia como un día soleado y un día lluvioso. Antes de ser pobre, era muy deportista, me encantaban las artes marciales y tenía buen físico, pero desde que me convertí en un pobre parecía uno de esos abuelos que habitan en los parques y que apenas pueden dar cuatro pasos.

 

Pasaron algunas horas y seguía tirado en aquel charco, pensé que, aunque siguiera siendo un indígena no podría permanecer mas en esa ciudad, tenía que marcharme. Fue entonces cuando saqué todas mis fuerzas y me levanté. Pero sabía que, si no comía algo, me moriría de hambre antes de salir de la ciudad, así que no tuve otro remedio que robar. Vi un puesto de esos de comida que casi se habían extinguido en la ciudad, me dirigí hacia él y, por lo que vi a primera vista, la única manera de comer sería cogerlo e irme corriendo. Pero mis fuerzas no me daban para moverme mas de tres pasos. Di otro vistazo, y vi a unos niños pobres que estaban jugando y que no tenían más de 6 años. Así que me acerqué y, como parecían hambrientos, les conté mi plan prometiéndoles que comeríamos todos.

 

 

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