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La verdad es
que la nueva bibliotecaria ha sido una especie de
salvación para
mí y mi
rutina. Si ella no llega a venir, con sus ganas de
trabajo, no creo que hubiera
descubierto
nunca ese tomo. Una semana después de llegar ella la
biblioteca parecía otra: había ordenado todas las
secciones y dentro de ellas todos los libros por
autor, había instalado nuevas estanterías de metal
(creo que su
tío, con quien
ella vivía, era chapista), había limpiado los tomos
y desempolvado
muchos
guardados en el almacén…y de entre ellos había
sacado a la luz "ése".
Al principio,
si no se hubiera caído no creo que me hubiera
llamado la más
mínima
atención. Tenía una encuadernación en piel muy
gastada, áspera, de un
color verde
que en sus tiempos debió ser verde turquesa, pero
ahora tendía a un
tono vómito.
De las letras del lomo no quedaba ni el molde donde
se suponía que
debería ir la
tinta, y lo mismo pasaba con las de la portada. Las
esquinas y cantos
estaban casi
deshechos, y las páginas estaban tan amarillas que
temía que se desmigajaran
en mis
manos…Realmente estaba destrozado. No era más que
algo que llenaba
el hueco entre
los libros de una estantería en la sección de novela
negra.
Ahora, después
de todo lo que he experimentado me pregunto que
hubiera
pasado si no se hubiera caído, si nunca lo hubiese
leído. Me imagino sentado en el
sofá, leyendo
alguno de los nuevos tomos que había desempolvado la
bibliotecaria,
hasta haberlos
leído todos. Después volvería a mi aburrida vida, a
mi aburrido trabajo,
y a leer todos
aquellos libros que ya he leído y releído veces y
veces…Pero
habría perdido
todo lo que he descubierto, habría seguido ajeno a
todo esto y
habría sido
como cualquier niño, feliz dentro de su ignorancia.
Creo que mi perdición
es suficiente
precio por saber lo que ahora sé. Por ser, como en
el mito de la
caverna,
desencadenado y salir al mundo exterior: cegado en
un principio por el
conocimiento,
pero liberado de la ignorancia…Es curioso cómo se da
cuenta uno de
lo infeliz que
ha sido en su vida, caer en la cuenta de que todo lo
que crees y piensas
es mentira. Y
lo más irónico no es descubrirlo, no es verte solo
mientras lo que
tú creías, tu
mundo, se derrumba en pedazos. Lo irónico es
descubrirlo por algo tan
inocente como
que un libro se caiga al suelo.
Así que ahí me
encontraba. En la sección de novela negra, con un
libro de asesinatos
en una mano, y
"el libro" en la otra, recién recogido del suelo. No
se por qué
no lo dejé
directamente en la estantería, es más, no se por qué
dejé la novela negra.
El caso es que
fui a una de las muchas mesas dispersas por toda la
biblioteca y me
senté a leer
mi nueva adquisición.
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