CUANDO LA HISTORIA SE
CONVIRTIÓ EN LEYENDA
Por lo que tuvo que ocurrir
y no sucedió.
Por lo que debiera pasar.
Era un día como cualquier
otro, pero reinaba un ambiente inmerecido. La bruma
envolvía el Peñón, y como era habitual, Simón
Susarte pastoreaba en el monte. Habían pasado varios
días conviviendo con sus enemigos, y el pueblo había
decidido refugiarse junto a la ermita de San Roque
hasta que Gibraltar volviera a formar parte de la
nación española. A la mañana siguiente todos
abandonarían la tierra que durante tanto tiempo
habitaron. A Simón le costaba asimilar que pocas
horas después se vería obligado a abandonar su hogar
y su tan preciada tierra. Yacía pensativo encima de
una roca, en lo alto del monte, mientras sus cabras
pastoreaban ajenas a todo lo que ocurría. Dejar todo
aquello le causaba un profundo dolor.

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