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-Como ves, Jude, el segundo piso son las
habitaciones, cada uno tenemos asignado una distinta
así que no tendrás que preocuparte de tu privacidad,
que siempre te quejabas.-le explicaba su enfermiza
gemela como quien está
evaluando una casa antes de comprársela- Bajando las
escaleras está el gran Salón, allí es donde nos
solemos reunir todos y donde se organizan los
llamamientos.
-¿Llamamientos?-preguntó ella mientras tocaba la
barandilla de madera
maciza cuidadosamente tallada.
-Son reuniones que se realizan en los
acontecimientos importantes como la
llegada de algún vampiro de alta clase o los
castigos públicos.-al ver la mirada
escandalizada de su gemela ante su último
comentario, se apresuró a aclararle
aquel punto-No te preocupes, Armand me ha dicho que
no se suelen dar muy a
menudo.
-Armand...¿ese fue quien te convirtió en
vampiro?-preguntó apoyándose en la
pared y metiendo las manos en sus gastados vaqueros.
-Sí...-respondió la otra bajando levemente la vista
pero con una suave sonrisa
dibujada en su rostro-Vino al hospital y me propuso
ser uno de ellos.
-Y aceptaste.-añadió apretando los puños para
intentar canalizar sus habituales
ataques de ira-¿Por qué? ¿Tanto deseabas convertirte
en un monstruo?
Su gemela no respondió, elevó la vista y le dirigió
una mirada rencorosa, dándole
en ese momento el aspecto de un auténtico vampiro.
-No tenía elección, si no lo hubiera hecho...-no
terminó su frase, se agarró el
brazo izquierdo con tristeza- Yo no...podía aguantar
más, notando cada día cómo
mi muerte se acercaba.
-Pero...estabas bien, los médicos decían que...
-Los médicos no sabían nada.-le interrumpió June con
un deje de enfado,
encarándole a su gemela, quien se sorprendió al ver
semejante reacción en una
persona tan apacible como ella- Ellos no lo notaban,
como algo me presionaba el
pecho, me quitaba el aire, y como cada vez que me
daba una crisis me costaba más
recuperarme. Tú siempre...-sus manos comenzaron a
temblar, entre furia y tristeza-...
has tenido una vida fuera de cuatro paredes blancas.
Jude permaneció en silencio, sin saber que decir;
siempre había intentado
comprender a su hermana, la visitaba cada vez que
tenía tiempo libre pero en ese
momento era cuando se estaba dando cuenta de que
aquello no podía darle la libertad
que siempre había deseado.
Se acercó a ella y la abrazó con suavidad, dándole
un pequeño beso en su pálido
cuello. Su gemela suspiró relajada y se aferró a la
camiseta de su hermana, aspirando
su aroma y deseando que el tiempo se detuviera en
aquel instante.
-Jude...
-¿Mmm?
-Deberías...cambiarte de ropa-espetó June
separándose de ella entre risillas-
Llamarás mucho la atención.
-Tú eres quien sale por la calle en camisón.-declaró
la otra con una pícara
sonrisa-Además, no se que tiene mi ropa de malo.
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