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Capítulo 1

Capítulo 2

Una obra de Guillem Bayarri

 

   

-         Carrasco, al despacho del director.

 

Leonardo se levantó tranquilamente, cuan largo era, y se encaró con Belmonte. Era mucho más alto que él, y el profesor tenía que levantar bastante la vista para mirarle a la cara. Luego le dio la espalda y se dirigió a la salida.

 

-         ¡Carrasco!

 

Se detuvo.

 

-         ¿Dónde está su educación? ¡Debe decir “sí, señor”! ¡Y saludar a la bandera!

 

Leonardo no dijo nada. El paparra enrojeció con virulencia.

 

-         ¡¡Haga lo que le digo, maldito rebelde!!

 

“Hormigonera” abrió la puerta con toda la calma del mundo, y cuando parecía que Belmonte se le iba a echar encima, dijo:

 

-         Usted perdone, profesor, pero acababa de ordenarme que me calle y guarde silencio – se giró hacia la gran bandera rojigualda que presidía la estancia, murmuró un “viva España” inaudible y cerró con un golpe seco.

 

Pelayo Belmonte necesitó unos minutos para tranquilizarse. Luego cogió la fusta que tenía colgada en la pared, al lado del crucifijo, y miró amenazadoramente a la clase.

 

-         ¡Examen sorpresa! – bramó.

 

[continuará]

 

 

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