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¿Qué has hecho esta vez, Adán?
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Nada de importancia. El Pitufo Capitalista
tenía el día malo y ha aguantado menos que de
costumbre. Creo que es porque su equipo ha
descendido a segunda. O a lo mejor ha discutido con
su mujer, vete a saber. El caso es que al primer
chiste a su costa, ¡zasca! Al despacho del Montaña.
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Vaya.
El Pitufo Capitalista era el profesor de Economía.
Ningún alumno conocía su verdadero nombre. Medía
metro cuarenta y siete y tenía un humor sanguíneo.
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¿Y tú? ¿Has vuelto a fastidiar al padre
Bombillas en clase de religión?
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Si se fastidia, es su problema – dijo
Gabriel, alzando orgullosamente la cabeza, pero sin
abrir los ojos –. Ha vuelto a decirme que no hable
en mi dialecto extinto, y yo le he respondido en mi
dialecto extinto. Que es foti.
Se refería al catalán, formalmente extinguido en
2014. Los dialectos estaban severamente prohibidos
en todos los espacios públicos de la nación.
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Bueno, pues vamos a ver al Montaña – dijo
Adán –. Los malos tragos hay que pasarlos cuando
antes.
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¿Me puedes coger de la mano y guiarme? Hace
un momento me dado un morrazo contra Juan XXIII,
creo.
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¡Pero abre los ojos, leñe!
Ante la firme negativa de su compañero, Adán ejerció
de lazarillo hasta la consistente puerta de roble,
tachonada de acero y coronada por el escudo del
colegio en relieve y una placa que rezaba: DIRECTOR,
en letras doradas, gordas y góticas.
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¿Da usted su permiso, señor?
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Adelante.
Adán y Gabriel entraron. El director del San Miguel
Arcángel estaba sentado detrás de una mesa muy larga
y muy pulcramente ordenada. En la pared del fondo
había una bandera nacional, un ventanal y un
crucifijo flanqueado por la efigie del actual Papa
de Roma, Gregorio XVII. Encima de la mesa podía
verse otro crucifijo, una imagen de la virgen del
Pilar, un cuadro lujosamente enmarcado del Rey de
España y una réplica del santo cáliz de Valencia
llena de caramelos.
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